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| (1600) |
| AL MARQUÉS DE GUADALCÁZAR; DE LAS DAMAS DE PALACIO |
| No os diremos, como al Cid, |
| que en cortes no habéis estado, |
| porque, aunque disimulado, |
| sé que venís de Madrid. |
| 5 Señor don Diego, venid |
| mil veces en hora buena, |
| y aunque os hayan puesto pena, |
| haced del palacio plaza, |
| si no os ha puesto mordaza |
| 10 la que os puso en su cadena. |
| Decidnos, señor, de aquellas |
| flores y luces divinas, |
| en palacio clavellinas |
| y en el firmamento estrellas; |
| 15 ángeles que plumas bellas |
| baten en sus jerarquías, |
| donde son buenos los días, |
| pero las noches son malas, |
| porque al coger de las alas |
| 20 sienten las plumas muy frías. |
| Galantísimo señor, |
| deste cielo, la primera |
| sea el Puerto, y la carrera |
| de las Indias del amor, |
| 25 el más hermoso, el mejor |
| extremeño serafín |
| que dio a España Medellín. |
| ¡Dichosa la tierra que |
| besa el cristal de su pie |
| 30 en la plata del chapín! |
| Allí donde entre alhelíes |
| Guadïana se dilata, |
| la pluma peinó de plata |
| con el pico de rubíes |
| 35 esta de tantos neblíes |
| garza real perseguida, |
| ya que en sus flores le anida |
| el Tajo glorioso el vuelo, |
| que en puntas corona el cielo |
| 40 de ave tan esclarecida. |
| Si la gloria de Chacón |
| de la cabeza a los pies |
| azúcar y almendras es, |
| dulce será el corazón. |
| 45 Néctar sus palabras son; |
| mas sepa quien no lo sabe |
| que, de agudas flechas grave, |
| en sus palabras, Cupido, |
| como abeja, está escondido, |
| 50 en el panal más süave. |
| A la bellísima Cerda, |
| para el arco que da enojos, |
| saetas pide a sus ojos |
| y a su apellido la cuerda, |
| 55 el niño dios, por que pierda |
| la libertad y el juicio |
| quien se lo da en sacrificio. |
| ¡Venturoso el ermitaño |
| que trajese todo el año |
| 60 destas cerdas el cilicio! |
| Mucho tiene de admirable |
| la deidad de Monterrey, |
| pues al mismo Amor da ley |
| por lo bello y por lo afable; |
| 65 cuando dulcemente hable, |
| cuando dulcemente mire, |
| ¿quién habrá que no suspire? |
| Cuando corone su frente |
| de los rayos del oriente, |
| 70 ¿quién habrá que no se admire? |
| De la beldad de las Navas, |
| dice Amor que, cuando mira, |
| dorados arpones tira |
| más que tiene en sus aljabas; |
| 75 las dos, pues, reales pavas |
| de la Coruña y Belmar |
| muy bien pueden coronar |
| el palacio con sus plumas, |
| que obscurecen las espumas |
| 80 del uno y del otro mar. |
| Aquella belleza rara |
| que adora el Ebro por diosa, |
| sol es de Villahermosa, |
| hermosísimo de cara; |
| 85 aurora luciente y clara |
| deste sol aragonés, |
| si no naciera después, |
| fuera su hermana divina, |
| mas si no es luna menina, |
| 90 estrella de Venus es. |
| De la que nació en el mar |
| las veneras cunas son, |
| y su hijo en el blasón |
| nos las hace venerar; |
| 95 de aquel Fénix singular, |
| honor de los Pimenteles, |
| buscad, amantes fïeles, |
| entre estas conchas la perla, |
| si dejan sus ojos verla, |
| 100 que son caribes crüeles. |
| Decidme de aquella dama |
| gloria del nombre de Ulloa, |
| que, pues la Invidia la loa, |
| no es bien la calle la Fama; |
| 105 cuarta Gracia Amor la llama |
| en el palacio real, |
| y a fe que no dice mal |
| el dios que hiela y abrasa, |
| que el título de su casa |
| 110 y las Gracias, todo es sal. |
| La extranjera soberana |
| que en las montañas no solo, |
| mas en cuanto pisa Apolo |
| no la desvió Dïana, |
| 115 oh venturosa alemana |
| que privas a cualquier hora |
| con la casta cazadora: |
| ¡dichoso el que en ti aventura |
| el logro de tu hermosura |
| 120 y el favor de tu señora! |
| Aquel resplandor rosado |
| de la luz que al mundo viene, |
| aunque es Alvarado, tiene |
| más de alba que de Alvarado; |
| 125 no amanece, y da cuidado |
| a los dulces ruiseñores, |
| que esperan entre las flores |
| saludar al rayo nuevo |
| del lucidísimo Febo |
| 130 que ha de dorar los alcores. |
| Al Mondego dio cristal, |
| si de oro al Tajo no arena, |
| doña Beatriz de Villena, |
| trofeo de Portugal; |
| 135 y a la que no tiene igual |
| en hermosura y saber, |
| gloria, majestad y ser |
| de los Osorios de Astorga, |
| Amor dice que le otorga |
| 140 sus armas y su poder. |
| Puesta en el brinco pequeño |
| de Altamira la mira alta, |
| hallaréis que él solo esmalta |
| cuantas joyas os enseño; |
| 145 crecerá, y quitará el sueño |
| a la beldad y a la gala; |
| en el balcón y la sala |
| prestará rayos al sol, |
| sin que haya ángel español |
| 150 que no venza ala por ala. |
| Las blancas tocas, señor, |
| no perdono de la guarda, |
| mayor sí, pero gallarda |
| tanto como la menor; |
| 155 santo y venerable honor |
| de mi patria y de su estado, |
| mas pastora de un ganado |
| que está convidando al lobo, |
| yo sé decir, aunque bobo, |
| 160 que a Argos diera cuidado. |
No os diremos, como al Cid
Última actualitzación
03.07.2013
© Universitat Pompeu Fabra, Barcelona