ENTREVISTA A ARMANDO LÓPEZ SALINAS
Subdirector
de Mundo Obrero (1977-1979)
"Manolo mantuvo su condición de militante comunista hasta el último momento"
Armando López Salinas (1925) fue subdirector del periódico oficial
del Partido Comunista de España, Mundo Obrero. Además
de periodista, es conocido como uno de los mayores representantes de la literatura
del realismo social de los años 50 y 60. Una de sus obras, La Mina,
fue finalista del premio Nadal en 1954.
¿Durante
qué años estuvo usted a cargo de la subdirección de
Mundo Obrero, la revista oficial del Partido Comunista?
Déjame que piense... la verdad es que estoy ya bastante mayor y las fechas
me bailan bastante, pero yo diría que desde que se legalizó el
Partido Comunista (abril de 1977), y durante dos años y medio más
o menos. Recuerdo que con anterioridad a la legalización conseguimos
reunir cerca de 200 millones de pesetas, gracias a las ayudas de militantes
y simpatizantes, para que Mundo Obrero pudiese ser diario. Y así
fue. Con Federico Melchor en la dirección y yo en la subdirección,
nos lanzamos a la aventura de hacer de una revista semanal de la clase obrera
un periódico diario. Todo un reto.
¿Coincidió
con Manuel Vázquez Montalbán, que durante varios años colaboró
en Mundo Obrero?
A pesar de que yo estaba en la redacción de Madrid y él vivía
en Barcelona, desde dónde enviaba sus artículos, nos veíamos
bastante. Si él venía a Madrid o yo iba a Barcelona, siempre teníamos
un momento para preguntarnos qué tal nos iba todo. En los últimos
años también hemos coincidido con frecuencia: la penúltima
vez que estuve con él fue en Granada, en un congreso sobre literatura
de los años 60, dónde nos reunimos con grandes amigos como Juan
Marsé o Luis García Hortelano. La última vez que coincidimos
fue hará cosa de dos o tres años, en una fiesta del Partido Comunista
en la que Manolo participaba en unos debates.
¿Qué
recuerda de la sección de opinión que M. Vázquez Montalbán
escribía en Mundo Obrero, "Cambiar la vida, Cambiar la
historia"?
Manolo la escribía con plena libertad. Sí, sin duda decía
lo que quería. ¿Sabe? Me recuerda bastante a Machado y La palabra
en el tiempo. Nunca dejó de callarse, si tenía que criticar lo
hacía sin miedo a las repercusiones, era muy valiente. Era capaz de tener
un análisis político adecuado a cada momento, pero siempre con
una línea, con su estilo, que no variaba demasiado.
¿Sobre qué temas escribía con más frecuencia?
Siempre, siempre sobre grandes problemas: la transición, la corrupción,
la política de Estados Unidos, la persecución del comunismo, etc.
Escribía conforme se planteaban problemas sociales. Y como tenía
una absoluta libertad, pues cuando había escrito un artículo que
le apetecía, lo mandaba desde Cataluña. Trabajaba a su aire, tranquilamente.
¿Cómo
recuerda el estilo de aquellos artículos?
M. Vázquez Montalbán escribía en Mundo Obrero
de la misma manera que lo ha hecho siempre durante su carrera de periodista
y escritor, con un lenguaje sencillo, lógico y coherente.
¿Reconoce
al Manuel Vázquez Montalbán de los últimos años,
ya como un autor consagrado, con el de los años 60 y 70?
Sí, sin lugar a dudas ha seguido siempre una línea, una línea
muy crítica en la política, siendo fiel en todo momento a las
ideas de su partido, el PCE. Sin embargo, cuando tenía que criticarlo
por algún asunto, lo hacía. Admiro de Manolo que, hasta el último
momento, mantuvo su condición de militante comunista, algo que no todos
los que empezaron podrían decir hoy. Manolo siempre actuó con
un enorme respeto y fidelidad.
¿Conoció
a Vázquez Montalbán en Mundo Obrero o ya habían
coincidido con anterioridad?
No recuerdo cómo le conocí, pero sé que durante los años
60 ya teníamos relación. En una de las reuniones estudiantiles
que se celebraban en la plaza Universidad de Barcelona acudí con amigos
y miembros del Partido Comunista. Estaba todo lleno de estudiantes y sindicatos
manifestándose pacíficamente cuando llegó la policía
y se puso a cargar violentamente contra todos y a detener a decenas de personas.
Y uno de los detenidos fue Manolo.